La administración de empresas está obsoleta

En su libro; El futuro de la administración -Harvard Business School Press-, Gary Hamel narra la Nochebuena de 1968, donde el módulo de mando del Apolo 8 se convirtió en el primer objeto fabricado por el hombre en viajar en órbita alrededor de la Luna. Durante su viaje de regreso a la Tierra, el hijo de un controlador del centro de mando le preguntó a su padre quién estaba pilotando la nave espacial. Cuando trasladaron la pregunta a los tripulantes que venían de regreso a casa, el astronauta Bill Anders respondió: “Creo que Sir. Issac Newton es quien hace la mayor parte del trabajo en este momento”.

Y después, al igual que el niño curioso, plantea la siguiente pregunta: ¿Quién dirige tu compañía?. Si eres el propietario de tu empresa, seguramente tu respuesta será, “soy yo quien la dirige”, si no eres el propietario podrías responder: “es el director general el que lo hace”, o “el consejo directivo”, incluso “los mandos medios”. Gary Hamel opina que, si bien las respuestas son correctas, no dicen toda la verdad. “En gran medida, quienes dirigen a tu compañía y a la mayoría de las compañías existentes, son unos cuantos teóricos y ejecutores fallecidos hace tiempo, quienes inventaron las reglas y convenciones de la administración “moderna” por allá en los primeros años del siglo XX. Son los espíritus burlones que habitan en la maquinaria oxidada de la administración. Son sus edictos, cuyos ecos llegan desde épocas pasadas, los que forjan con su mano invisible la forma como tu empresa asigna los recursos, establece los presupuestos, distribuye el poder, premia a los empleados y toma las decisiones.

 Tan predominante es la influencia de esos patriarcas que la tecnología de la administración varía apenas ligeramente de una empresa a otra. La mayoría de las empresas tienen más o menos la misma jerarquía (una cascada de vicepresidentes ejecutivos, vicepresidentes a secas, directivos y gerentes). Sus sistemas de control, prácticas de recursos humanos y rituales de planificación son análogos y sus estructuras de dependencia y sistemas de evaluación son muy semejantes. De allí que sea tan fácil a los directores ejecutivos y presidentes saltar de una compañía a otra: las palancas y los tableros de mando son más o menos iguales en todas las cabinas de los pilotos corporativos.

Sin embargo a diferencia de las leyes de la física, las leyes de la administración no son predeterminadas y eternas, lo cual es bueno si se piensa que el equipo de gerencia comienza a sufrir bajo el peso de una carga para la cual no fue hecho. Los cambios vertiginosos, las ventajas efímeras, las perturbaciones tecnológicas, los competidores sediciosos, los mercados fracturados, los clientes omnipotentes, los accionistas rebeldes constituyen desafíos que en el siglo XXI, ponen a prueba los límites del diseño de las organizaciones del mundo entero, y ponen de manifiesto las limitaciones de un modelo de administración que no ha sabido llevarle paso a los tiempos.

Piensa en los grandes avances de sólo los últimos diez o veinte años que han transformado nuestra forma de vivir: el teléfono móvil, las computadoras, las tabletas electrónicas, la música digital, las comunidades virtuales y el correo electrónico. Ahora trata de pensar en un avance administrativo que haya tenido un impacto semejante en el ámbito de los negocios, algo que haya cambiado radicalmente la manera como se manejan las empresas. No es fácil, ¿verdad?”.

Gary Hamel afirma que es ahí precisamente donde radica el problema. “La administración de empresas está obsoleta. Al igual que el motor de combustión, es una tecnología que ha dejado de evolucionar en gran medida, lo cual no es bueno, porque cuando es menos eficaz de lo que podría ser o de lo que debe ser, todos pagamos un precio. Las mejores prácticas de hoy no son lo suficientemente buenas. Ni siquiera las compañías “más admiradas” del mundo son tan adaptables como tendrían que ser, tan innovadoras como podrían ser o tan agradables para trabajar como deberían ser”.

La premisa de Gary Hamel es que, en lo que se refiere al futuro de la administración, es mejor ser líder que seguidor y su libro, que recomendamos ampliamente, ofrece una guía para inventar hoy las mejores prácticas de mañana. 

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